Desafíos y
orientaciones a la Educación
en la era de la
Globalización.
Informe y
reflexiones a partir de un seminario internacional
Luis A. Aguilar
Sahagún
Investigador del
ITESO
Tanto por sus resultados como por su orientación, la educación muestra
un aspecto poco satisfactorio y contradictorio a nivel mundial. Las condiciones
a las que está sometida la sociedad internacional plantean nuevos retos a todos
los sistemas educativos y actores de la población en todos los órdenes: desde
el diseño de políticas y de modelos educativos hasta los procesos educativos en
la sociedad y en el aula. Bajo el actual sistema económico mundial se han visto
seriamente limitadas las condiciones de la educación. En este contexto se
plantea la pregunta sobre las posibilidades de imprimir una orientación
humanista a las acciones educativas. Más concretamente, se hace necesario
buscar respuesta a algunos interrogantes: ¿Qué aportan las ciencias sociales,
la reflexión filosófica, las experiencias históricas y los estudios comparativos
a la comprensión de las condiciones en las que es posible educar en el mundo
actual? ¿Cómo lograr que la educación contribuya a la construcción de una
sociedad más humana? ¿Cuáles son los límites y las posibilidades de los
sistemas educativos para educar en el mundo de hoy? ¿En qué tipo de humanismo es posible y necesario
educar en el Siglo que comienza?
Con el propósito de dar respuesta a estas preguntas el
Goethe-Institut Guadalajara, junto con el Instituto Tecnológico y de Estudios
Superiores de Occidente y la Universidad de Guadalajara organizaron un
seminario de estudio y diálogo entre los días 22 y 24 de Septiembre de 2003. El
objetivo principal fue entablar un diálogo entre académicos mexicanos y un
investigador invitado de Alemania, el Prof. Dieter Keiner, de la Universidad de
Münster. En realidad, los diálogos ya habían comenzado varios meses atrás. Los
acuerdos iniciales sobre la temática del seminario así lo exigieron. El
resultado final, que se sintetiza en este trabajo, fue provocado a lo largo del
proceso de preparación, en el que participaron tanto los ponentes del
seminario, como un grupo de maestros que
dieron cauce a las preguntas y acentos que les pareció importante destacar en
los temas de las ponencias con el fin de orientar su discusión en un sentido
productivo.
El Internet, símbolo
de la sociedad mundializada, se ha
convertido en un medio común para superar distancias físicas y crear verdaderas
comunidades de indagación, cuando existen compromisos y preocupaciones comunes.
Tomando como punto de partida el humanismo en la educación en el contexto de la
globalización, el Prof. Keiner preparó cuatro conferencias, con las que plantea
las condiciones de marco y los procesos de la sociedad mundial que es necesario
tomar en cuenta para poder hablar de una educación humana. Tres académicos
mexicanos: La Dra. Rebeca Arauz Mejía (ITESO), el Dr. Miguel Agustín Romero
Morett y el Dr. Luis Rodolfo Morán Quiroz (Universidad de Guadalajara) se
dieron a la tarea de comentar la compleja temática abordada en las conferencias
del Prof. Keiner, teniendo como punto de referencia tanto a la realidad
mexicana como la mundial. El resultado fue un diálogo fecundo, que plantea
cuestiones de fondo no sólo a los interlocutores, sino a la situación de la
educación a nivel mundial.
La idea conductora de los diálogos del seminario fue,
desde un principio, la búsqueda de
un humanismo de la unidad, en un mundo dividido y polarizado por grandes
desigualdades. Desde los primeros encuentros preparatorios del seminario, nos
parecía claro que en nuestra era es importante aprender y enseñar a actuar y
reaccionar humanamente frente a lo imprevisto e imprevisible, en un mundo cada
vez más complejo.
II
La insistencia en que la Educación sea humana no es
puramente redundante. La Educación es un fenómeno humano por excelencia. Sin
embargo, siempre se ha desarrollado en condiciones particulares bajo las cuales
se ve en el riesgo de perder su carácter específico, lo propio de su sentido.
Desde que el homo sapiens ha sido
capaz de preocuparse por la manera de entregar y ofrecer a los suyos las cosas
que le parecen importantes para vivir y aprender, podemos encontrar al ser
humano como educador, en un sentido que en cada época se entiende a sí mismo. Educación humana no sólo alude al hecho
elemental de que es propio del ser humano educar, sino a que ese propium lo define tanto su manera de ser
como de entenderse a sí mismo. Para saber que es la educación hace falta
conocer qué es el ser humano, cuya realidad escapa a todo intento de
determinación unívoca.
La educación fue humana de una manera diversa en el
mundo antiguo que en el renacentista o en la modernidad. Desde las tradiciones
más antiguas ha habido un empeño por educar de una manera particular. Los
pedagogos, pensadores y políticos de todos los tiempos se han formado una idea
de algún valor que les parece importante cuidar o promover, tanto por el bien
de los educandos como de la comunidad en la que crecen. Es posible detectar
cómo, por ejemplo, el crecimiento en la conciencia y la libertad se fue
consignando como baluartes de lo humano, al grado de que estos rasgos se han
caracterizado como el humanum por
excelencia. Su pérdida y su alienación se convirtieron así en sinónimos de
deshumanización.
El mundo moderno debe a pensadores como Hegel o Marx
el examen de este proceso dentro de las condiciones de la sociedad burguesa y
del capitalismo en sus etapas iniciales. El idea de un mundo de seres libres e
iguales se remonta a la Grecia antigua y a los orígenes del cristianismo, y
encuentra su plena formulación en el ideal socialista; el que “el reino de los
fines en sí” (Kant) aparece bajo la consigna de una organización política y
económica con claves bien definidas: la desaparición de la propiedad privada y
de una sociedad dividida en clases. Los grandes movimientos revolucionarios del
Siglo XX están marcados por esta consigna. Las luchas de reivindicación buscan,
por medios paradójicos, la recuperación de lo humano que se ve impedido o
anulado por un estado de cosas.
La educación, con sus distintos epítetos, no es ajena
a estos procesos. Educación socialista, educación revolucionaria, educación
liberal, educación como praxis de la libertad, educación para la
emancipación... De manera programática, la educación se propone el logro de los
fines que en otro tiempo el humanismo parecía poder alcanzar por la vía de la
ilustración. Deja de ser evidente el modo a través del cual la educación
amerita el calificativo de humanista.
Se cobra conciencia de que el humanismo se dice de muchas maneras. Así mismo,
se hacen patentes los contrastes tanto en las visiones del hombre como de la
sociedad que subyacen a cada propuesta educativa. Lo humano no es monopolio de
ninguna reivindicación particular. Lo inhumano, así mismo, amenaza toda práctica y todo discurso. La
sospecha del lenguaje interesado y unilateral, es decir, ideológico, se
introduce en el seno de las más nobles consignas. Los maestros de la sospecha
(Marx, Freud, Nietzsche) son un testimonio de la lucha tanto por afirmar lo humano
del hombre como por desmantelar los diversos modos de engaño que pueden
encerrar.
En el Siglo XX la consigna cobró carta de ciudadanía
bajo un nuevo matiz: el de la conciencia de que la ilustración tiene un lado
oscuro, no humanizador (Horkheimer, Adorno). La conciencia y la libertad, más
que actos aislados, son procesos. El ideal de la igualdad ya había alcanzado
plena legitimidad, y la tensión que mantiene con el de la libertad se convierte
en un campo generador de alternativas que parecen excluirse mutuamente. El
ideal democrático radical no es el de una sociedad libre, sino el de una
sociedad liberada de todo tipo de
ataduras que impiden la convivencia cercana, próxima, fraterna. El individuo y
el ciudadano no son humanos mientras no hayan tomado conciencia de que la
afirmación de la libertad tiene implicaciones sociales que involucran a todos.
Como sugiere Octavio Paz, con toda la ambigüedad que entraña como experiencia
histórica, el Siglo XX pudo caracterizarse como “la experiencia de la libertad”,
en el entendido de que jamás será legítimo el olvido de sus víctimas (Benjamin).
Hay hechos significativos que avalan el diagnóstico de
Marx acerca del futuro del capitalismo. Como cualquier otro régimen político
las democracias se alimentan de un tipo
de educación. El capitalismo no ha resuelto sus propias contradicciones, ni es
sin más un sistema afín a los valores democráticos. La educación padece de esas
contradicciones al mismo tiempo que tiende a reproducirlas. La caída del muro
de Berlín marca un impasse ideológico
que no es posible descifrar en claves simplistas, como si se tratara del
triunfo de un régimen sobre otro (Cf. Juan Pablo II, Encíclica Centesimus annus, 45). Las “nuevas
realidades” salían a flote y plantearon a la educación nuevas preguntas que
parecían poner en un segundo plano lo que la guerra fría había puesto como
foco. A la disyuntiva, educación democrática o socialista versus educación liberal, se aunaban nuevos retos: diversidad
cultural, neoliberalismo, cuestiones de género, mundialización. La
globalización parece convertirse en el signo de una nueva era, y en ella, la
pregunta por lo humano del hombre y por lo humano de la educación demanda
nuevas respuestas.
III
Los planteamientos del Prof. Dieter Keiner someten a
un examen los procesos de carácter político, económico y cultural que aparecen
como el marco en el que lo humano de la educación puede seguir teniendo
sentido. En lo político, constata una nueva dialéctica entre lo local, nacional
y lo mundial. Es el campo en el que se juegan las posibilidades de las
políticas educativas a nivel mundial. El alcance de esas políticas ya no está
confinado al espacio en el que los gobiernos nacionales y locales plantean sus
acciones. Se configura una nueva sociedad mundial, con nuevos actores. La
mirada ha de estar puesta en el futuro. El nuevo escenario educativo es el
mundo, y la palabra clave para darle una orientación adecuada es responsabilidad.
“...la globalización también es una
mundialización de todos los problemas centrales de la humanidad y por esto
mismo es impensable no abordar los problemas del ejercicio de la política
educativa.”
La política educativa se ve apremiada
a adoptar, como se hace en el informe de la UNESCO, La Educación encierra un tesoro (1996), un nuevo concepto de
aprendizaje. ¿Qué significa aprender a ser, hacer, conocer y convivir bajo las
nuevas condiciones mundiales? Keiner señala que estos pilares son producto de
una comprensión del aprendizaje en clave de un futuro abierto, que se refiere
conscientemente a la conformación de las condiciones en el mundo, en la que la
dimensión subjetiva y colectiva del aprendizaje se median y es puesta en
relación con el proceso educativo y con los objetivos centrales de proporcionar y garantizar los estándares
educativos y de atender el reclamo de
igualdad. Keiner hace un importante señalamiento: las sociedades nacionales necesitan
desarrollar una nueva orientación política y educativa, un nuevo habitus, menos centrado en el Estado nacional,
y en mayor correspondencia con la realidad global. La política educatica ya es tarea de la sociedad mundial.
Los análisis de Keiner llevan a la constatación de que la sociedad
mundial es una realidad naciente, que se va configurando en el proceso de
globalización, que en realidad es necesario entender en el proceso más amplio
de la civilización actual. Keiner plantea las posibilidades de una educación
humana dentro del contexto económico y político actual determinado por la forma
del capitalismo del Siglo XXI, y ve la necesidad de que las ciencias de la
Educación tomen en consideración los fenómenos asociados a la dinámica de la
globalización, de que desarrollen concepciones, teorías e instrumentos
adecuados para captarlos y expresarlos en un lenguaje capaz de incidir en la
discusión pública y el diseño de las políticas educativas. Éstas han de
replantearse en el nuevo contexto civilizatorio, en el que ya no es posible
desconocer la dialéctica entre lo local y lo global que obliga a reconocer la
presencia de nuevos actores, o a buscarlos, así como a dar mayor peso a la
naciente sociedad mundial y a los modos en que puede incidir en el diseño e
implementación de políticas educativas.
Junto con todos los actores
internacionales, los Estados tienen que enfrentar las nuevas tareas, no sólo
por razón de la necesidad que imponen los hechos, sino porque la naciente
sociedad mundial tiene como una de sus raíces una exigencia de carácter
eminentemente ético: hacer que la educación recupere su valor como un bien
público, liberada de los intereses políticos y económicos que la tienen
atenazada. En ello se funda la esperanza de un auténtico desarrollo humano de
la humanidad.
Las mismas políticas educativas pueden modificarse en
un sentido positivo: por una parte, pueden ser cuestionadas y modificadas por
quienes se involucran en la naciente sociedad mundial. Por otra parte, a partir
de la percepción de los límites que establece la economía mundial, los sujetos
y actores de la educación pueden apelar de manera más decidida a tradiciones
culturales que, a contracorriente de la práctica de dominación, puedan recrear
prácticas de libertad.
En sus “consideraciones sobre el desarrollo educativo
y las políticas educativas en Latinoamérica en el escenario de las
responsabilidades global y nacional/local” la Dra. Rebeca Arauz (ITESO,
Guadalajara), comenta tres aspectos de la primer intervención del Dr. Keiner.
Los contrastes entre las visiones sobre la relación globalización-educación
entre países desarrollados y países en vías
de desarrollo; la importancia de la diversidad cultural para la educación y el
nuevo significado del aprendizaje.
La Dra. Arauz señala atinadamente que, debido a las
diferencias en el desarrollo económico, la globalización pone a los países en
vías de desarrollo ante una posibilidad más de asimilación y no de integración
o participación igualitaria. Por otra parte, en el contexto de la diversidad
cultural ve la necesidad de tomar en cuenta que las “competencias”, que se han
convertido en el medio educativo privilegiado de nuestro tiempo, guardan una
profunda relación con la cultura. Arauz considera que es necesario reconocer
las diferentes concepciones y prácticas de aprendizaje. “No se puede hablar de
políticas educativas que incluyan aprender a
vivir con otros, aprender a conocer, aprender a hacer, y aprender a ser, sin considerar las variantes
culturales sobre las formas de aprender.
Igualmente, no se puede hablar de proporcionar y garantizar estándares
educativos y atender a la igualdad sin conocer la relevancia de las formas
específicas de aprendizaje de cada grupo cultural.”
Cabe preguntar si esta manera de enfatizar la relación de las prácticas
culturales con el aprendizaje no lleva, en último término, a una exageración de
esas peculiaridades, y a perder de vista los rasgos característicos del
aprendizaje, por encima de las diferencias culturales. De cara a los resultados,
por ejemplo, del Informe PISA, esta
argumentación puede servir como un indicador importante para someter a una
crítica los presupuestos metodológicos con que se miden los niveles de
aprendizaje en los diferentes países. Esto exigiría de una fundamentación más
amplia, de tal manera que no se plantee como una manera de hacerse inmune a la
crítica que pone en evidencia la realidad educativa de los países miembros de
la OECD.
La mundialización de los estándares
educativos puede conducir a una estandarización de los pueblos, de sus modos y
competencias de aprendizaje. Este cuestionamiento late en el segundo trabajo
del Prof. Keiner, acerca de la aparente contraposición entre la diversidad
cultural y los efectos homogeneizantes de la operación de comparar las culturas
a propósito del estudio PISA. En la
medida en que esto ocurra en detrimento de las peculiaridades reales de cada
cultura, se comete no sólo un error, sino también una injusticia. El difícil
reto que plantea Rebeca Arauz de que la definición de políticas educativas a
nivel mundial parta de una investigación exhaustiva multicultural respecto de
la diversidad
cultural en relación al aprendizaje y desarrollo cognoscitivo supone una
decisión previa, que tiene que ver con la voluntad de equidad entre los
pueblos. Es necesario someter a una crítica el tertium comparationis de la operación de comparar, a fin de no
incurrir en la falacia de comparar una realidad creada ad hoc, precisamente en los términos que convienen a quien realiza
la operación. El paso que ha dado la OECD de una orientación al desarrollo
económico a la evaluación de la calidad de la educación, deja abierta la
pregunta de los verdaderos intereses que la llevan a examinar la manera en que
son utilizados los recursos educativos de los países miembros. No es remota la
posibilidad de que, los resultados de estudios como el de PISA se conviertan en
parámetros para, por ejemplo, apoyar a los países en desarrollo, otorgarles
créditos o negárselos.
Como señala Romero Morett en su trabajo, “Si se tratan con los mismos parámetros, o
peor aún, con parámetros que favorecen a los países del primer mundo, ¿cómo
esperar justicia metodológica en la medición de las habilidades básicas en
jóvenes de economías emergentes o de países del tercer mundo?”
PISA es la abreviatura de "Programa de Evaluación
Internacional de Escolares". En el estudio educativo más grande llevado a
cabo hasta la fecha. Participaron 32 países del mundo. Su realización estuvo a
cargo de la OECD, Organización de Cooperación Económica y Desarrollo, con sede
en París. Pedagogos de los países participantes se reunieron para llegar a
acuerdos básicos acerca de lo que constituye la base esencial de la formación
escolar, desde el Brasil hasta Corea del Sur, desde Alemania hasta Finlandia.
La materia tenía que ser de una validez tan amplia y general que, en lo
fundamental, los niños de todos los continentes pudiesen dar respuestas
similares. El objetivo de PISA es, por una parte, ofrecer datos comparativos
del rendimiento del sistema enseñanza en algunas Estados del mundo. También se
propone registrar los valores y las debilidades de los escolares de 15 años y
arrojar luz sobre el nivel de preparación de los jóvenes para hacer frente a
las exigencias de la llamada sociedad del conocimiento.
Se ha planeado que cada tres años PISA mida el rendimiento
de los alumnos de 15 años en las áreas de comprensión de los textos escritos,
matemáticas y ciencias naturales. El estudio registra además las competencias
interdisciplinarias en virtud de las cuales se puede averiguar hasta qué punto
los jóvenes están en condiciones de aplicar los conocimientos y habilidades
adquiridos para resolver problemas y cuestiones de la vida cotidiana. La
evaluación del informe de PISA considera las condiciones sociales, de
aprendizaje y de vida de los jóvenes (Cf. Informe ejecutivo de PISA).
PISA no analiza la materia del plan de estudios. Se propone examinar por
primera vez lo que los escolares necesitan para salir adelante en la vida. No
importa tanto deletrear textos sino, afirma el estudio, aprender a “leer el
mundo”. Importa la comprensión, la orientación y lo que los estudiantes son
capaces de hacer con el conocimiento. La cultura matemática aparece aquí como
un lenguaje que abre horizontes de comprensión. Dominar su código significa
mucho más que sólo saber realizar operaciones matemáticas. Las matemáticas
ponen en condiciones de operar con modelos.
Sin embargo, los análisis del tercer
trabajo de Keiner permiten entender que el estudio PISA, más que ofrecer una
contribución al mejoramiento de la situación que impera en la educación y, de
esa manera, contribuir a la educación como práctica de la libertad, desempeña
una función legitimadora de la práctica
de dominación de la OECD y la OMC. Keiner
advierte que “lo que estas instituciones con ayuda de procesos de investigación
dirigidos y no dirigidos imponen en las condiciones de vida y prácticas de los
hombres, es una condición determinante
para que sus estrategias globales no fracasen. Organizaciones como la OMC
dirigen su esfuerzo a ello con plena conciencia. Confían en una agenda
permanente que también nos incluye. En ella se encuentran estrategias para
combatir la resistencia contra la OMC y el GATS.”
La segunda conferencia del Prof. Keiner, ¿La diversidad
cultural versus homogeneizar comparando?
Perspectivas de la política
educativa nacional en el contexto de los estudios comparativos internacionales.
PISA como ejemplo, plantea
cuestionamientos sobre alcance y el sentido de la comparación de lo que ocurre
en diversas culturas con la educación, en un sentido de notable auto-crítica
del enfoque europeo, amenazado de una incapacidad de reconocer la diferencia y su valor en otras
culturas. Keiner hace ver
las implicaciones de los estudios comparativos en el ámbito educativo, tomando
como ejemplo es estudio de PISA sobre la calidad de la educación de acuerdo con
competencias. En Europa, Alemania fue el país que quedó peor situado, ocupando
el lugar 21 a 25, en lectura
y comprensión de textos escritos, y el lugar 20 a 22 en la formación básica de
matemáticas, de un total de 32 naciones. México ocupa el lugar 31, es decir, el penúltimo lugar, antes de
Brasil. Los resultados del estudio son sólo el primer paso. ¿Cómo situarse como
país frente a un tipo de evaluación internacional como el de PISA? ¿Cómo asumir
los resultados? ¿Con qué implicaciones?
Frente al afan por homogeneizar,
Keiner hace notar que la actual perspectiva etnológica permite aproximarse al
proceso de globalización bajo una perspectiva que hace posible descubrir el
mundo como un campo de crecientes diferenciaciones. Esto se presenta como un
signo de esperanza –ciertamente precario- para que las minorías culturales no
sean devoradas por la dinámica abasalladora del capitalismo mundial.
La exigencia ética del respeto a la
diversidad tiene un carácter epistemológico. A fin de evitar la homogeneización
de las culturas con parámetros eurocéntricos se hace necesario indagar si
existen otras formas plausibles de comparación entre las culturas. “En uno
proceso así habría que cambiar el procedimiento social y cultural, en el que el
“otro” se
convierte en “extraño” en el que
surge la alteridad”.
Keiner insiste en que la internacionalización, trae consigo nuevas
condiciones para las acciones estatales en el Siglo que comienza. Es en este
contexto en el que es preciso interrogar aceerca del alcance del programa PISA,
como producto de ese mismo proceso. A
través de tres campos de aptitudes investigados, lectura de comprensión,
aptitudes matemáticas y aptitudes científicas, el estudio de PISA señala las
características y los fenómenos de alfabetización de masas. El analfabetismo
funcional masivo constituye un problema internacional de graves repercusiones para el futuro. De
ahí la importancia del estudio en el diseño de políticas educativas a nivel
nacional. La dimensión ética de las políticas educativas se pone de relieve al
hacerse patente su contribución a lo que Keiner caracteriza como procesos de
humanización o de barbarización, integración o desintegración, con efectos
tanto en las sociedades nacionales como en la sociedad mundial, altamente
intercomunicada, pero de ninguna manera idílica.
Una manera concreta en que el Estado
nacional puede actuar para humanizar la educación es la lucha contra la pobreza
infantil, el analfabetismo y las enfermedades que ponen en peligro el
desarrollo de niños y jóvenes o a través de la disminución estructural de los
mecanismos de selección y de marginación en la escuela y la sociedad.
A la luz del estudio PISA se ve la
necesidad de someter cada política educativa nacional a un balance crítico, que
incluyera las relaciones culturales en su conjunto. Esto daría a la política
educativa un nuevo significado. ¿Qué pueden aprender los Estados al compararse
unos con otros? De lo que se trata es ante todo de encontrar las causas y las
condiciones de la situación actual y su génesis histórica, y no de emprender acciones
que las oculten, de maquillar los resultados o de aumentar una efectividad sólo
aparente.
Keiner señala con insistencia la
necesidad de que las ciencias de la educación renueven tanto sus métodos como
su discurso en un sentido comprometido políticamente. Frente a la tendencia a
privatizar la educación, las ciencias de
la educación tendrían que insistir públicamente en que “la educación pública es
una tarea colectiva y subjetiva relevante en la democracia que no requiere de
una derregulación, sino de una re-rregulación consciente y radical.”
Entre las
importantes conclusiones de Keiner, se encuentra el señalamiento de que los
estados nacionales cuentan tanto con la posibilidad de adoptar los resultados
del estudio PISA como criterio de comparación como de proponer nuevos diseños
metodológicos de acuerdo con parámetros que hagan justificable su participación
en el programa.
En su comentario a la conferencia del Prof. Keiner, el Dr. Miguel A.
Romero Morett reflexiona sobre algunas implicaciones de los resultados que
reporta el Informe PISA sobre México. Si bien el bajo nivel de comprensión de
lectura como de resolución de problemas matemáticos y de ciencias de los
jóvenes mexicanos logró llamar la atención de los medios de comunicación y de
las autoridades políticas y educativas del país, Romero Morett advierte que no
se derivaron programas, estrategias o acciones correctivas, ni siquiera
investigaciones a profundidad sobre los resultados de dicho estudio.
Para Romero Morett “Globalización es estandarización, es ajuste a parámetros
estables de calidad, es precisión de normas y procedimientos, es desarrollo de
competencias de valor añadido para la competitividad global. Es, además,
adopción de patrones culturales y de organizaciones consagradas desde las
metrópolis de la producción.” El lugar que México ocupa en las evaluaciones del
estudio PISA es alarmante debido a que resulta imposible sustraerse a la
exigencia que plantea el mundo actual a los jóvenes de contar con habilidades
alfanuméricas, de comprensión y generación de textos, de manejo lógico y
argumentativo, que constituye la base de otras competencias importantes para la
producción de servicios y manufacturas. Así, los jóvenes se ven de entrada sin
las herramientas necesarias para sacar provecho del proceso de la globalización.
“El dominio de habilidades constituye la nueva manera de comprender la
marginación de los individuos y las naciones.”
México se encuentra sometido a cuantificaciones estandarizadas de
calidad en rubros de la más diversa naturaleza por parte de de empresas del primer mundo que han patentado
su derecho a certificar todo tipo de procesos, desde la capacitación de las
empresas hasta la salvaguarda de los recursos naturales y de los materiales que
sirven de base a la elaboración de manufacturas.
La globalización se sustenta en las diferencias culturales. Las
implicaciones de la diversidad para la convivencia sigue siendo una asignatura
pendiente para países como México. “A este aprendizaje estamos obligados en la
medida que inexorablemente deberemos integrarnos, dentro y fuera de nuestro
territorio, con toda clase de culturas, algunas muy próximas a nuestras raíces,
como la iberoamericana y otras más distantes, como la anglosajona.” La base
simbólica de la identidad no es tan fuerte como para impedir que los intereses
colectivos tienen prioridad sobre las pretensiones de facciones y partidos.
La internacionalización de lo educativo se demuestra en la acreditación
de las instituciones universitarias, de los programas académicos y de los
procesos de gestión del aprendizaje y del conocimiento, la certificación de los
egresados de educación superior, de los profesionistas y de los trabajadores
intelectuales.
Romero Morett señala la necesidad de que las políticas educativas
derivadas de los organismos internacionales sean sometidas a un examen y
valoración a la luz de las condiciones y los recursos reales de las
instituciones y de los académicos de cada país. Sólo si éstas se comprometen
con el plan de vida y carrera de sus académicos, con sus propios programas de
estudio, investigación e internacionalización la dialéctica entre lo local y lo
global puede convertirse en resorte que impulse el crecimiento y el desarrollo
de la educación.
Con el propósito de contribuir a una auténtica humanización de la
Educación, Romero Morett subraya la necesidad de que el Estado asuma sus
responsabilidades en educación superior, en lugar de privatizarla. En la medida
en que el Estado privatiza la educación como bien público y deja la puerta a la
certificación y acreditación indiscriminada en manos de organismos
internacionales, incurre en la irresponsabilidad y la barbarie.
A la barbarie del Estado nacional se suma la de las dimensiones
mundiales de la barbarie bélica. La educación sólo puede enfrentar estos retos
en la medida en que sea capaz de proponer modelos de formación ética; en la
medida en que sea capaz de propiciar no sólo el desarrollo de competencias,
habilidades. También de actitudes y
valores.
En su
tercer conferencia ¿Educación como
mercancía y servicio? o ¿Qué tan actual es la contradicción entre “educación
como práctica de la libertad” y “educación como práctica de dominio? Keiner
parte del hecho de que las instituciones mundiales (WTO, GATT, GATS) establecen condiciones bajo
las cuales la educación está amenazada de raíz: su valor fundamental en el
orden social corresponde al de una mercancía, a la de un servicio
cuantificable, mesurable en sus resultados, intercambiable.
Estas condiciones son la oportunidad para que actores
tradicionales de la educación asuman un papel activo como sujetos. El
desarrollo actual del capitalismo mundial establece las condiciones de acción a
todos los actores de las políticas educativas y, a la vez, hace que se
fortalezcan algunos y que otros pierdan fuerza. En este contexto se vuelve imprescindible recurrir a
las propias tradiciones culturales para replantear las posibilidades de una
ciencia y de una práctica educativa comprometidas, a la altura de los tiempos y
con una clara intención emancipadora. A este respecto es significativa la
mención expresa que hace el Prof. Keiner de la actualidad de la distinción que
estableció Paulo Freire entre la Educación como práctica de dominación y como
práctica de la libertad desde los años 60s.
Las observaciones y cuestionamientos del Dr. Keiner acerca del trato
que tiene la educación como mercancía y servicio en el marco de los acuerdos
internacionales son de especial interés, tanto por su actualidad como, por la
necesidad de que la educación no quede atrapada en las redes de la economía
mundial.
Keiner pone en evidencia la íntima
relación entre las intenciones de la OMC, el
GATS y el estudio PISA. Lo que está en juego es el diseño de una
política global por parte de las organizaciones mundiales, cuyas reglamentaciones
imponen medidas a los estados nacionales que comprometen su autonomía. Keiner
señala la necesidad de “una práctica autocrítica y consciente de sí misma, con
conocimiento de los complicados procesos internacionales de desarrollo, que
tome en cuenta tanto la dimensión global como la local, e incluso la subjetiva.
En el trabajo en el que Morán Quiróz (Universidad de
Guadalajara) comenta a Keiner, Algunas
aristas del colonialismo y la violencia en el campo de la cultura, advierte que la educación se ha convertido en
un “instrumento” para lograr fines que van más allá de la educación por sí
misma. Sus reflexión pone de relieve cómo la discusión acerca de la educación
como mercancía y como servicio trasciende el ámbito de lo pedagógico, dado que
involucra no sólo a las políticas educativas, sino el sentido que éstas tienen
en cuanto políticas culturales y encarnación de un sentido de pertenencia y
convivencia en una determinada sociedad.
El cuestionamiento de Moran se centra en la visión
uniformadora que subyace a la visión de la Organización Mundial de Comercio.
También aquí se hace explícita la dimensión ética de esta manera de entender y
generar la globalización. Lo que está en cuestión es la validez de uniformar a
la humanidad para una lógica del mercado que convierta a todas las personas en
encarnaciones de un modelo único de usuarios y consumidores de la educación y
de la cultura.
En su cuarta conferencia, Educación humana en tiempos de la
globalización, Keiner, por su parte, advierte como se va imponiendo la racionalidad
económica en cuestiones educativas. Lo que ocurre con la Organización Mundial
de Comercio y con el GATS son expresión de ello. La OMC no es causa,
sino manifestación extrema de las condiciones civilizatorias y capitalistas,
que van imponiendo una mentalidad de la economía empresarial en todos los
ámbitos, incluyendo al de la educación, en la que se abre paso la
racionalización y la competitividad por encima de cualquier otro valor. El
recorte de presupuesto para la contratación de maestros o de inversión en
programas de investigación en muchas universidades son un reflejo de lo
anterior.
Una reflexión que busca orientar el
futuro de la educación en un sentido humano comienza por el análisis objetivo
de las condiciones y situaciones que se oponen a las perspectivas humanas de
educación en el presente y en un futuro previsible en todos los países del
mundo. El hecho de que en todos ellos estén en riesgo las posibilidades de una
educación humana constituye un problema
civilizatorio.
Una
educación con sentido humano ha de tomar en cuenta el proceso de conformación
de las relaciones entre las generaciones. Esta cuestión comprende la práctica
de las generaciones mayores. La pregunta acerca de lo que éstas pueden esperar
de los jóvenes, implica una reflexión atenta y responsable sobre lo que los
jóvenes pueden esperar de los mayores respecto a sus perspectivas de vida.
Solamente cuando los adultos estén dispuestos a asumir la responsabilidad de sí
mismos, pueden asumir la responsabilidad por el futuro de sus hijos.
Keiner lee
al filósofo norteamericano John Dewey buscando algunas claves de comprensión de
estas cuestiones. La educación humana puede ser entendida, en el pensamiento de
este filósofo, como garantía de la continuidad social y como experiencia común
comunicada y ampliada. La cuestión de fondo se refiere al tipo de sociedad que
deseamos. De eso depende la concepción de educación y de sus funciones.
Las instituciones educativas acaban
por perder de vista sus fines específicos y la educación acaba por reducirse,
una vez más, a mera mercancía. Los efectos sociales de estos procesos son lo
más opuesto a los ideales del humanismo. La formación de personas como si se
tratara de mercancías de acuerdo con criterios de utilidad carece de toda
legitimidad. Aquí se abre un ámbito en el que las ciencias de la educación
pueden reenfocar la tarea educativa con una mirada crítica. El discurso de este
tipo de saber no puede mantenerse en la ingenuidad acerca de los procesos
globales que, como en el caso de la OMC y el GATS, ponen en evidencia el
intento por imponer un nuevo concepto de educación y formación, y con ello un
nuevo concepto de hombre.
Un modo de actuar a contracorriente
de esta tendencia es la cualificación para participar y constituir una sociedad
democrática. A este respecto el
pensamiento de John Dewey mantiene toda su vigencia. A ello se suma la
necesidad de que los maestros reflexionen sobre su práctica. Keiner considera
que este ejercicio es condición indispensable para que la acción educativa sea verdaderamente
humana. Es necesario partir de las experiencias y las prácticas locales.
Reflexionar y redefinir continuamente los propios esquemas de sentido supone la
explicitación de las contradicciones de la realidad. Para poder dar respuesta a
la pregunta por el mundo en que deseamos vivir se hace evidente el vínculo que
existe entre teoría y práctica en los procesos educativos.
Keiner considera que la pregunta por
lo que le sucede al ser humano cuando se encuentra bajo estructuras sistémicas
no tiene sentido como denuncia moral del sistema. Se trata de una comprensión
de la práctica como teoría y de la teoría como práctica, de asumir los
contextos de vida local como ámbitos de responsabilidad y de organización, de
tal manera que el Estado cumpla con su papel subsidiario de garantizar las
condiciones para que esto sea posible.
El proceso de globalización plantea
la necesidad de instancias globales de humanización de las condiciones en las
que vivirán las futuras generaciones. La responsabilidad ha cobrado dimensiones
mundiales. “La humanización de las
condiciones de vida locales, regionales y nacionales es y será la única
contribución a la humanización del mundo.”
IV
¿Cómo puede la educación abrir el acceso a la integración de toda la
persona y a la orientación de una sociedad configurada por valores humanos
fundamentales? ¿Cuáles son los límites y las oportunidades de los sistemas
educativos y de la práctica educativa para formar a la infancia y a la juventud
actual en mayor conciencia, libertad y responsabilidad, de manera que puedan
enfrentar los retos que plantea el mundo de hoy y vivir una vida más plena?
La falta de respuesta a los interrogantes sobre las posibilidades de
una educación humana en la era de la globalización quizá convenga a los gobiernos
y actores nacionales e internacionales que hacen de la educación botín de la
política y de la economía. Las ciencias de la educación ya no son ingenuas a
este respecto. Tampoco lo son los grupos sociales atentos al acontecer de la
educación a nivel mundial. Esto quedó en evidencia en el seminario sobre
Educación: La educación logrará ser humana en la medida en que conserve su
especificidad dentro de los condicionamientos en los que ocurre: hacer posible
el acto libérrimo por el que la persona aprende, crece y logra ser quien puede
ser junto con otros.